¡LA IGNORANCIA MATA!

 

Imagen tomada de Internet.

 ¡oh pues! ¿Va a llover no? ¡Puro alarmando se la llevan! ¡Ni a quién creerle todos dicen puros mitotes! Estas son las expresiones más sanas que se leían en las redes sociales cuando tanto las dependencias de auxilio, como ciudadanos bien intencionados, compartían los pronósticos del acercamiento del fenómeno meteorológico bautizado con el nombre de “Norma”. Fueron varias horas las que esta tormenta y huracán nos mantuvieron en la incertidumbre si se enfilaría hacia la zona de Los Cabos, como varios modelos matemáticos así lo pronosticaban, o bien continuaría el rumbo hacia el norte con la posibilidad de internarse más adelante en la península.

 A pesar de que se intenta por parte de las autoridades de protección civil ejecutar el sistema de alerta temprana (SIAT), con la finalidad de mantener informado a los ciudadanos sobre el desarrollo de un fenómeno meteorológico y las etapas en las que se deben ejecutar ciertas tareas, tanto por los ciudadanos como por las mismas autoridades, muchos ciudadanos no entienden o no quiere entender que Los Cabos se ubica en el “pasillo de los huracanes y tormentas”, y que cada año se tendrá una temporada de huracanes, que oficialmente comienza el 15 de mayo y concluye el 15 de noviembre.

Antes de que llegara el ser humano a esta bendita tierra, ya pasaban los huracanes y las tormentas por ella, y esto no se podrá evitar a menos que se pudiera mover a Los Cabos hacia el interior de la república mexicana, cosa que resulta descabellada e imposible. Por lo tanto, como sociedad cabeña es de absoluta prioridad que hagamos a los huracanes y tormentas parte de nuestros planes de vida mientras estemos viviendo aquí.

 Resulta paradójico ver que pocas personas participan en las conferencias que se ofrecen sobre huracanes por diversas instituciones, y cuando asisten es porque el patrón les ha obligado a estar presentes para cumplir un requerimiento de la autoridad de protección civil, (aunque solo estén presentes de cuerpo porque su mente vuela a otro lado); pero el día que una tormenta o huracán amenaza con impactar a nuestro municipio, la mayoría de los ciudadanos se convierten en expertos “meteorólogos” capaces de interpretar los complicados modelos matemáticos de pronósticos que se dan en las páginas de las instituciones meteorológicas. Cada quien saca sus propias conclusiones y dan opiniones sobre si llegara o no al municipio, si alcanzara la categoría de huracán, la fuerza de sus vientos, hablan con soltura de lo que significa una presión baja, entre otros términos técnicos propios de un meteorólogo. Cualquier ciudadano del extranjero ajeno a nuestras costumbres y cultura, que lea la cantidad de publicaciones y opiniones pensaría que la mayoría de la población es letrada en el tema de los huracanes y tormentas.

 Siendo objetivos debemos de reconocer que es todo lo contrario, nos falta como sociedad tener mayor conciencia sobre el nivel de riesgo y las diversas vulnerabilidades con las que vivimos, no somos siquiera conscientes de su existencia, lo que nos hace una sociedad de víctimas potenciales, una sociedad del riesgo. Entiéndase como riesgo a la probabilidad de que una población, sus infraestructuras, los sistemas productivos, etc. le ocurran un daño.

 Para que exista un riesgo debe haber una amenaza o un peligro, como lo sería una población vulnerable. Por lo tanto un riesgo es en consecuencia, una condición latente o potencial, y su grado depende de la intensidad probable de la amenaza y los niveles de vulnerabilidad existentes. En este sentido la vulnerabilidad es una expresión del desequilibrio o desajuste, en igual medida, entre la estructura social y el medio físico-constructivo y natural que lo rodea. La vulnerabilidad, entonces, nunca puede tener un valor absoluto, sino depende siempre del tipo de intensidad de la amenaza.[i]

 Para entender lo anterior, tomemos como ejemplo los casos de los edificios de viviendas que colapsaron en el municipio de Los Cabos, tras el paso de la tormenta tropical Lidia. Los terrenos donde fueron construidos ya se sabían de acuerdo al atlas de riesgo que eran zonas de riesgo, por la cercanía que guardaban con los arroyos, ahí está el primer elemento del desastre “el riesgo”; se sabía que cuando cae una lluvia abundante esos arroyos acarreaban una importante cantidad de agua con una fuerza destructiva impresionante, esta es una “vulnerabilidad natural.” Aunado a esta vulnerabilidad se suma la aparente calidad de la construcción, lo que sería una “vulnerabilidad físico-constructiva”; y por ultimo “la amenaza” que la conforma la probabilidad de que una tormenta tropical o huracán impactara la zona de Los Cabos para desencadenar una tragedia.

 Como pretender entonces, presumir de contar como sociedad con una amplia cultura de la protección civil, cuando no somos capaces de comprender los elementos que provocan los desastres, cuando no nos preocupa como ciudadanos hacer nuestro este conocimiento que puede salvar nuestras vidas, cuando se nos tiene que obligar a atender una conferencia o curso sobre los fenómenos meteorológicos, cuando ni siquiera entendemos que las alertas que nos proporcionan a través de los diversos medios de comunicación, las fuentes meteorológicas oficiales son “PRONOSTICOS” y no hechos futuros reales. Sería como jugar en los pronósticos deportivos con la certeza de que vamos a atinar quien gana, pierde o empata en todos los partidos.

La misma obra citada, señala que el mayor riego que enfrenta la población se considera como dice Varley (experto en desastres), un problema de “ignorancia” o de estar fuera del circuito informacional. Tómese el término “ignorancia” no en forma despectiva, sino como la ausencia de conocimiento en los temas relacionados a los desastres y la gestión de riesgos. Y es que, esta falta de conocimientos alcanza no solo a la población en general, sino a los funcionarios de las diversas autoridades, quienes toman decisiones transcendentales para la seguridad civil, basados en escasa información, su sentido común (el cual no es tan común) y la arrogancia de creer que lo saben todo, gracias al puesto que desempeñan, y que no necesitan consultar a los diversos expertos que deben asesorarlos antes de tomar una decisión y autorizar un proyecto de construcción, que ante una amenaza lastimara la economía de las familias y cobrara la vida de inocentes.  

[1] https://books.google.com.mx/books?isbn=9972470016

María Augusta Fernández – 1996 – ‎Cities and towns

 

      

                

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[i] https://books.google.com.mx/books?isbn=9972470016

María Augusta Fernández – 1996 – ‎Cities and towns

 

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