EL PAÍS DONDE DECIR LA VERDAD ES UN PECADO

 

Mi abuelo y mi padre lo decían con mucha frecuencia “La Verdad No Peca, Pero Incomoda ”era muy joven para entender la profundidad de esas sabias palabras perfectamente arregladas en este popular dicho. Por fin una luz termino por aclararme el significado de ese conjunto de palabras, cuando en tono molesto, un ingeniero experto en electricidad, de manera indirecta me hizo un reclamo sobre las declaraciones que una semana antes hice a la prensa, cuando me cuestionaron sobre la seguridad de las nuevas construcciones que se están realizando en nuestro municipio.

Ante tal pregunta y tomando en consideración la encomienda que nos fue dada, velar por la seguridad de los ciudadanos, de su integridad física y sus propiedades, la respuesta tenía que ser  con apego a la realidad y a lo que nos consta como prestadores de servicios de emergencia.

Es un hecho que no se puede ocultar ni negar, que varios de los nuevos conjuntos habitacionales se estén construyendo muy cercanos a las zonas consideradas como de riesgo, por los escurrimientos naturales de arroyos que atraviesan las zonas pobladas en su camino a desembocar en el mar. Tema que si bien es cierto es del dominio público, también lo es que se está olvidando las probables consecuencias, que se pueden derivar de una crecida de los arroyos como ha ocurrido en otros años; basta recordar la inundación de la colonia INFONAVIT FLORES MAGON como consecuencia de la tromba ocurrida en noviembre de 1993, afectándose un poco mas de 400 viviendas.

Muchas de las familias que compran estas nuevas viviendas ante la necesidad de contar con un lugar para vivir y conformar un patrimonio, son relativamente nuevas en la región, desconocen la historia de las afectaciones que se han sufrido en el municipio tras el impacto de un fenómeno meteorológico. Es probable que muchas de ellas sufrieran las afectaciones del Huracán Odile, que hay que precisar, la afectación principal fue causada por el comportamiento social, de las personas  que salieron a las calles a rapiñar los negocios sin que existiera una necesidad apremiante.

La realidad es que el huracán Odile fue más viento que lluvia, de haber sido lo contrario el escenario hubiera sido verdaderamente critico, pues ya se conoce lo que grandes cantidades de agua en nuestra zona pueden hacer; basta con observar las lluvias de este fin de semana que desquiciaron la vida cotidiana en tan solo quince minutos. Las calles principales son verdaderos arroyos que impiden la circulación de los vehículos, y evitan que los peatones puedan caminar de un lugar a otro; además de que varios negocios ubicados en la parte baja del centro de Cabo San Lucas, inmediatamente sufrieron las consecuencias por inundaciones.

Por otra parte hay que hacer una reflexión en cuanto a la manera de construir en el municipio. Y al tocar este tema ya puedo ver los misiles de las críticas de los expertos apuntando a mi persona, a quienes les desagrada que un “ingnorante” en el tema de la construcción exprese una mera opinión, basada en el conocimiento básico y lógico que cualquier ciudadano debe tener sobre la construcción de una vivienda.

El hecho de manifestar que se está construyendo en el municipio algunos desarrollos y viviendas, sin cumplir con la normatividad, leyes, reglamentos y normas técnicas que deben cumplirse, no debería ser motivo de enojo para los expertos en el área de la construcción, sino motivo de reflexión, y más cuando las manifestaciones, se hacen teniendo como respaldo las diversas tragedias suscitadas en los últimos años en departamentos y casas nuevas. No debe dejarse en el olvido el caso de la familia que vio mutilada su vida por la explosión por acumulamiento de gas butano, en el   departamento al que recientemente se habían mudado, ocurrido hace un par de años en San José del Cabo. Habría que preguntarle a la familia que sufrió esa tragedia y que perdió a un ser querido, si estas manifestaciones resultan exageradas y sin sustento.

Tampoco debe olvidarse el incendio ocurrido en un fraccionamiento “nuevo” en la ciudad de Cabo San Lucas, donde todos los miembros de la familia resultaron con quemaduras de 2do. Y 3er. Grado, teniendo que atenderse por separado tanto en México como en los Estados Unidos de Norteamérica, debido a la gravedad de las quemaduras. Incendio que nunca van olvidar y que los han dejado marcados para toda su vida. Habría también que preguntarles a los miembros de esta familia si la verdad que hoy se dice respecto a la forma de construir también les ofende.

Es indignante conocer las causas de estas tragedias que son imputables no a los habitantes de las viviendas, sino a la forma de construir que impera en el municipio. Tanto en el caso de San José del Cabo como en el de Cabo San Lucas, quedo demostrado que durante la construcción de los departamentos y de la casa, se omitieron los controles y supervisión que se deben tener antes, durante y después de un proyecto de construcción. Esos controles y supervisión están señalados en Leyes, Reglamentos y Normas Oficiales Mexicanas, y son de carácter “obligatorio” y no deben de quedar al arbitrio de las autoridades o constructores. La figura del Director Responsable de Obra (DRO) es uno de los mecanismos de control y supervisión que se señala en el Reglamento de Construcción, como el profesionista responsable de observar el mismo reglamento, en las obras tanto públicas como privadas otorgando su responsiva sobre los mismos; parece que por lo menos en las tragedias mencionadas, no existieron y si existieron no hicieron su función.

El mismo reglamento señala la existencia de un “Corresponsable de Obra” (C0) mismos que son profesionistas con especialidades afines al proyecto de construcción, como los corresponsables estructurales, y/o mecánicos electricistas, e instalaciones hidrosanitarias. Pero una aparente disputa por el campo de la construcción y la falta de una exigencia en el cumplimiento del reglamento de construcciones, ocasiona que esta figura del Corresponsable de Obra sea letra muerta en el reglamento.

Esta es una de las principales causas de la ocurrencia de las tragedias ocurridas en nuestro municipio, nadie superviso que la instalación de aprovechamiento de gas cumpliera con la Norma Oficial, ni tampoco se verifico que la instalación eléctrica de la casa estuviera debidamente aterrizada. Casas y departamentos como los señalados hay muchos mas, son un riesgo latente que debe atenderse antes de que sigan cobrando la vida de compradores inocentes.

Si decir la verdad en mi país es pecado, me confieso pecador y me someto a la penitencia de la crítica.

 

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