CONSTRUCCIONES QUE MATAN

 

 

¡Las alarmas de incendio no sonaron! Fue el reclamo de los residentes sobrevivientes del incendio ocurrido recientemente en un complejo llamado residencial Lancaster West Estate Tower Block, también conocido como Torre Grenfell, ubicado en la zona oeste de la ciudad de Londres. La torre de 24 pisos y 120 unidades habitacionales era ocupada por aproximadamente 600 personas el día del incendio, hasta el momento de la escritura de esta columna se habían contabilizado 30 personas muertas y aun se espera que aumente la cifra, pues se reportan varias personas más desaparecidas.

Desde su blog el Grupo de Acción de Grenfell había denunciado que las instalaciones de la Torre representaban riesgos para los habitantes, pues en años anteriores se habían registrado incidentes por el mal estado de los cables eléctricos, además también habían señalado que la accesibilidad para los bomberos en caso de una emergencia era muy difícil, y advirtieron que solo hasta que pasara una emergencia mayor, las autoridades pondrían atención a las problemáticas denunciadas, y así está sucediendo.

Otras de las denuncias hechas por los mismos vecinos de la Torre Grenfell, señalan que no contaban con sistema contra incendios de rociadores automáticos, lo que era una necesidad ineludible en virtud de lo alto del edificio, el cual en caso de incendio no sería posible que los bomberos lo pudieran combatir con eficacia, situación que efectivamente sucedió, como lo habían vaticinado los reportes de los ocupantes del edificio.

El más critico señalamiento hasta ahora vertido, en cuanto a las causas que originaron que se consumiera la totalidad de la Torre, fue el hecho de que en el año 2015 se había remodelado la fachada del edificio recubriéndolo con placas de un material barato, hecho con “polietileno”  lo que ocasiono que el inmueble se incendiara por fuera completamente en tan solo 30 minutos, haciendo imposible controlar el incendio. Este material ya fue estudiado por científicos que coadyuvan en la investigación del incendio, y han determinado que si bien es cierto “aparentemente” es ignifugo, es decir no inflamable a temperaturas de 700 grados centígrados, también lo es que cuando es calentado a temperaturas por encima de los 1000 grados centígrados, arde violentamente y es difícil de apagar.

Por los hechos hasta aquí narrados, pareciera que esta tragedia ocurrió en nuestro país, pues las irregularidades que están descubriéndose así lo hacen parecer, pero no, la tragedia ocurrió en un país considerado como potencia mundial. Seguramente los ingleses aprenderán de esta trágica experiencia, revisaran sus leyes y reglamentos de construcción, generaran nuevas políticas para prevención y atención de los incendios en edificios altos y supervisaran con lupa los materiales de construcción.

Pero en México no aprendemos por más tragedias que ocurran, aun cuando cobran la vida de inocentes. Si, reaccionamos con indignación y exigimos que se castigue a los responsables con todo el peso de la ley, se generan nuevas leyes al vapor que simplemente no se aplican, y se nos olvida lo ocurrido regresando a las practicas y costumbres que ocasionaron la última tragedia.

Preocupante resulta saber, que ese mismo material de “polietileno” que se utilizo para rehabilitar la Torre Grenfell y que expertos señalan como el causante de que el incendio se esparciera tan rápido, también se esté usando en nuestro país para la construcción, y lo peor es que no existe ninguna regulación para su uso, por lo que hace suponer que muchas de las construcciones que recientemente se hicieron y otras que se están realizando, lo estén utilizando sin tomar el factor de riesgo de incendio.

En la construcción además del “polietileno” también está en boga el uso del “poliestireno” y otros plásticos de la familia de los polímeros, que si bien es cierto ofrecen muchas ventajas por sus propiedades físicas para la construcción, también lo es que ofrecen muchos riesgos cuando son alcanzados por el fuego en un incendio, tal y como quedo demostrado en el incendio de la Torre Grenfell en Londres, y en nuestro país en el incendio de un edificio de 6 pisos de condominios en la ciudad de Rosarito Baja California, donde una turista perdió la vida, y localmente en el incendio del estacionamiento de Plaza Paraíso, y el incendio de los locales comerciales a un costado de la Delegación Municipal de Cabo San Lucas. Incendios donde la presencia del casetón de “poliestireno” facilito la expansión del incendio, generando grandes cantidades de espeso y venenoso humo que matarían con rapidez a quienes quedaran atrapados en el incendio.

Afortunadamente en los incendios locales no se ha tenido la pérdida de vidas, salvo la intoxicación de los bomberos que combatieron esos incendios. Sin embargo, la preocupación de los combatientes de incendios crece, cuando son testigos de ver como actualmente se está construyendo en Los Cabos con este tipo de plásticos sin una regulación apropiada. En un afán de generar espacios térmicamente aislados, o de bajar los costos de construcción, se están construyendo edificios de todo tipo y viviendas que representan graves riesgos para quienes los habiten. Y es que en caso de que estos “modernos” inmuebles sean alcanzados por el fuego, aun y cuando estén protegidos con una delgada capa de concreto, estos plásticos, derivados de los hidrocarburos, arderán generando humo negro y espeso, gases altamente tóxicos como el monóxido de carbono, cianuro de hidrogeno, acido clorhídrico y fosgeno, estos últimos también considerados como cancerígenos. En un incendio, lo que mata no es el fuego, sino el humo, los gases calientes y los gases tóxicos, una vez que estos se producen en un edificio o vivienda incendiada, serán un factor de riesgo para que los habitantes puedan evacuar, porque la visibilidad es nula y el aire limpio para respirar se agota rápidamente.

Tan rápido como la gente queda atrapada en un incendio, comienzan a respirar los gases tóxicos mencionados, estos desplazan al oxigeno en la sangre, mezclándose rápidamente con ella para llegar al cerebro, y comenzar a perder el control de las funciones neurológicas y motrices, en pocos minutos llega la muerte.

Debemos de considerar como sociedad, detener el uso indiscriminado de estos plásticos en la construcción, por nuestra propia seguridad y la de nuestras familias; aunque se antoja difícil de hacer, puesto que ni siquiera hemos sido capaces de detener su uso en la industria de la alimentación, donde también están causando graves problemas a la salud y al medio ambiente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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