ABC UNA LECCION NO APRENDIDA

 

Se empieza a perder en la memoria de muchos el terrible momento que sacudió a todo el país y cundió a nivel internacional, las imágenes de aquel 5 de junio del 2009 donde se aprecia como maestras, rescatistas, bomberos, paramédicos, policías y ciudadanos rescataban a niñas y niños del infierno en el que se convirtió aquel bodegón donde se había permitido la instalación y funcionamiento de la guardería ABC.

Imágenes que seguramente van desapareciendo de las mentes de muchos ciudadanos ajenos a la tragedia, pero que difícilmente serán olvidadas por los padres de familia y familiares de los menores que perdieron la vida o de aquellos que sobrevivieron pero sufrieron quemaduras graves en sus cuerpos, y que a 8 años de aquel fatídico día, siguen luchando con las secuelas dejadas por las lesiones; mientras sus padres y organizaciones sociales siguen clamando justicia ante las autoridades que debieron de proteger a los menores.

Haciendo un análisis de lo que ha ocurrido en estos últimos 8 años de la tragedia de la guardería ABC en Sonora, se puede decir que no se ha logrado un cambio sustancial en la cultura de la prevención de quienes operan las guarderías en nuestro Estado y en el país. Sigue existiendo una inexplicable apatía de tener las instalaciones de los inmuebles que se usan para instalar y operar guarderías en excelentes condiciones. No terminan de entender que los requerimientos que en materia de prevención y protección civil se les exige a los propietarios u operadores de las guarderías, va a encaminado a garantizar y proteger la integridad física de los menores, pero que también a la vez resulta en beneficio de ellos mismos, pues al cumplir con los requerimientos, garantizan la seguridad de sus instalaciones y se previene la ocurrencia de una tragedia como la ocurrida en la guardería ABC.

Y se dice lo anterior con sustento, porque cuando los dueños u operadores de las guarderías en nuestro municipio son requeridas para que realicen ciertos cambios en las instalaciones del inmueble que alberga la guardería, se nota la resistencia a cumplir con tales requerimientos, en virtud del “alto costo” que según ellos representa hacer las modificaciones solicitadas. Lamentablemente, todo lo relacionado con la capacitación de sus colaboradores, la conformación de las diversas brigadas y equipamiento para la atención de una emergencia, viene a la mente de los dueños u operadores de las guarderías como un gasto, en lugar de verlo como una verdadera y rentable inversión. Bastaría hoy con preguntarle a los dueños y autoridades que se vieron involucrados en la tragedia de la guardería ABC, si prevenir y atender los riesgos detectados con tiempo en la guardería ABC hubiera sido más barato, que los costos económicos y legales a los que se han enfrentado; o mejor aún, ¿Cuál es el precio de la vida de los 49 niños? Comparado con el costo de las adecuaciones que debieron haber hecho para evitar semejante tragedia.

Y es que como entender que a pesar de que la mayoría de los propietarios y operadores de las guarderías saben de lo ocurrido el 5 de junio del 2009 en la guardería ABC, y de las consecuencias administrativas y penales que se generaron, hoy en día algunos de ellos le sigan apostando a su buena suerte. Fue el caso que ocurrió recientemente en una guardería de Cabo San Lucas, donde se registró aparentemente una fuga de gas en su interior, y omitieron evacuar a los menores que se encontraban en esos momentos bajo su resguardo, prefiriendo simular que no ocurría nada por el temor de alarmar a los padres, a las autoridades y a los cuerpos de emergencia. Si bien es cierto tal incidente pudo ser controlado por personal de la guardería, también lo es que existió un riesgo para los menores y las personas que los cuidaban, se olvidaron de los protocolos establecidos en los planes internos de protección civil, donde la prioridad es siempre evacuar.

No se entiende el actuar de quienes tienen a su cargo y trabajan en esta guardería, quienes prefirieron aparentar que nada ocurría a costa de la seguridad de las niñas y niños, con tal de evitar alguna posible multa o suspensión de actividades. Este tipo de conductas nos hacen pensar a quienes nos dedicamos a la prevención y atención de las emergencias, que la lección de la guardería ABC no fue aprendida por todos, o bien se les empieza a olvidar.

Debemos recordar que como adultos, todos tenemos la responsabilidad de cuidar a las niñas y niños, sin importar si somos sus padres, o somos o no autoridad, dado que existen obligaciones impuestas a todos los ciudadanos por ordenamientos jurídicos, como lo son nuestra Constitución Federal, la Convención de los Derechos de la Infancia, las Constituciones de los Estados, diversas leyes federales y estatales y sus respectivos reglamentos. Tales exigencias de velar por el interés superior del niño o niña constriñen a que los gobiernos y sociedades deban garantizar la creación de condiciones favorables para que las niñas y los niños puedan vivir en un ambiente sano y seguro que les permita desplegar todas sus potencialidades. Por lo tanto es una obligación que está por encima de cualquier interés político, social o económico.

Otro caso que entristeció a nuestra comunidad, sucedió hace unos días cuando un menor de edad falleció en el interior de una escuela, según versiones de algunos testigos el menor se empezó a sentir mal y se desvaneció para posteriormente perder la vida. Al parecer el menor se broncoaspiro, esto quiere decir que comió algo que en lugar de irse al esófago se fue por la laringe y se asfixio, al parecer nadie supo darle los primeros auxilios. He aquí la importancia de esa capacitación que se les exige a todos los que tienen bajo su cuidado a los menores de edad, no se trata de que cumplan con un mero requisito de tener un papel que avale que estuvieron en cuerpo presentes en un curso aunque no se haya aprendido lo más mínimo. ¿Cuántas vidas de menores más costaran aprender la lección de la guardería ABC? ¿Cuántos niños más deben morir antes de entender que somos responsables por su seguridad? No olvidemos que con el pasar de los años nuestra seguridad dependerá de ellos, y no se valdrá exigir algo que no quisimos dar.

 

 

 

 

 

 

 

 

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